26/8/11

Ventana de Antonio III


Madrid desde la Torre de Bomberos de Vallecas, 1990 - 2006. Antonio López 















El secreto de Antonio López es que no hay secreto, todo está a la vista, a la suya y a la nuestra, y su gran lección es enseñarnos a mirar, a mirar viendo.
Torre de Bomberos. Madrid 2010

Para comprender su manera de mirar hay que saber dos cosas, qué mira y cómo mira. Sus propias palabras son reveladoras para conocer su atracción por lo más cercano: "Empecé a comprender que la emoción podía mostrarse en la luz, en los objetos, en las paredes, en los rostros o en las flores. Es decir, el mundo entero podía estar en lo más próximo." Su obra avala sus palabras y los temas que aborda en ella van de su Tomelloso natal con sus interiores y exteriores a los de su Madrid habitual, junto a sus retratos de personas, árboles y flores.


Interiores, museo Thyssen-Bornemisza

Flores, Sala Moneo



 








Respecto a cómo mira su obra desconcierta por la atención con que lo hace y lo traslada al lienzo. Yo sólo trataré uno de los aspectos que más me ha sorprendido, especialmente como fotógrafo: sus perspectivas distorsionadas en interiores y exteriores.
Afueras de Madrid desde el cerro Almodóvar, 1991-1996
Madrid, 2010.











En fotografía se llama "normal" al objetivo de 50 mm. por su fidelidad a la visión del ojo humano. No soy óptico y no sé si digo alguna tontería al afirmar que más que reproducir la visión del hombre lo que hace el cincuenta es reproducir nuestra manera de mirar concentrandonos en el centro de la mirada y marginando los laterales de la misma, de manera que si quisieramos describir nuestra visión lo haríamos como se acordó ya en la pintura renacentista, a través de una trama de líneas rectas en una perspectiva lineal. Sin embargo, Antonio López no se conforma con esa selección de la realidad, él busca y estudia la mirada biológica completa, producto de ambos ojos, que son esféricos y como tales producen aberraciones en la periferia de nuestra visión, aunque no le prestemos mayor atención. De hecho, cuando las lentes angulares de la cámara, que también son esféricas, lo hacen lo correjimos para crear una imagen más acorde con nuestro gusto, yo al menos lo hago y los fabricantes de ópticas también.
Este es para mi uno de los grandes valores del pintor manchego, que lejos de recrear una imagen como es, como lo haría un hiperrealista o fotorealista, él la reproduce como la ve en su totalidad, con todo su campo de visión, ese que habitualmente despreciamos y que los jugadores de baloncesto entrenan, produciendo al espectador la primera pregunta incómoda ¿Yo también miro asi y no se ver?

Cuarto de baño, 1971 (detalle)

Casa de Antonio López Torres,1972-1980 (detalle)



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